Domingo 29 de junio de 2008, 00:00. El señor M., 82 años, obrero jubilado, dice a su nieta, S., de 21 años y aspecto virginal, que se va a ir a la cama, pero, en lugar de esto, empieza a hacer zapping y pone un canal de documentales. Empieza uno llamado Instinto paternal, que trata de los esfuerzos de una pareja gay de San Francisco que quiere tener un hijo biológico. En esto aparece la señora H., de 71 años, mujer de M. y ama de casa, y se pone a ver la televisión. S. lee el periódico, pero escuha algunas cosas.
La madre de alquiler elegida es bruja y madre soltera.
Uno de los dos gayers tenía muy claro lo de tener un hijo, el otro lo hacía por amor a su pareja. Aunque luego se fue convenciendo, hasta el punto de mantener una curiosa conversación acerca de maneras de mezclar el semen de ambos para no saber cuál es el padre biológico.
Llegado el momento, la bruja realiza una serie de rituales para purificarse y aumentar las probabilidades de quedarse embarazada.
Tras dos intentos, por fin lo consigue y tiene una niña preciosa. La buena mujer compra un lazo rojo, ata un extremo alrededor de su generosa cintura (la mujer es de complexión barrilete) y el otro a la niña. Corta el lazo, que simboliza el cordón umbilical, y entrega a la niña a sus emocionadísimos papás.
El documental finaliza con una selección de vídeos caseros de la niña cuatro años después, en algunos de los cuales aparece jugando con su hermanito recién nacido.
Una voz en off explica que la primera niña era del padre A según la prueba de paternidad (recordemos lo de mezclar el semen) y que por eso decidieron que el niño fuese hijo biológico de B.
El señor M. se va a la cama y la señora H. le comenta a su nieta lo tontos que eran los hombres antes, que no querían coger a los niños en brazos y no sabían lo que se perdían.
A lo largo de todo el programa, sólo se oyó un comentario de la señora H.:
- Dios mío, mira lo que ha engordado esa mujer, y ni siquiera está embarazada.
Tras el periódico, S. sonrió y rocordó por qué era abuelista.
La madre de alquiler elegida es bruja y madre soltera.
Uno de los dos gayers tenía muy claro lo de tener un hijo, el otro lo hacía por amor a su pareja. Aunque luego se fue convenciendo, hasta el punto de mantener una curiosa conversación acerca de maneras de mezclar el semen de ambos para no saber cuál es el padre biológico.
Llegado el momento, la bruja realiza una serie de rituales para purificarse y aumentar las probabilidades de quedarse embarazada.
Tras dos intentos, por fin lo consigue y tiene una niña preciosa. La buena mujer compra un lazo rojo, ata un extremo alrededor de su generosa cintura (la mujer es de complexión barrilete) y el otro a la niña. Corta el lazo, que simboliza el cordón umbilical, y entrega a la niña a sus emocionadísimos papás.
El documental finaliza con una selección de vídeos caseros de la niña cuatro años después, en algunos de los cuales aparece jugando con su hermanito recién nacido.
Una voz en off explica que la primera niña era del padre A según la prueba de paternidad (recordemos lo de mezclar el semen) y que por eso decidieron que el niño fuese hijo biológico de B.
El señor M. se va a la cama y la señora H. le comenta a su nieta lo tontos que eran los hombres antes, que no querían coger a los niños en brazos y no sabían lo que se perdían.
A lo largo de todo el programa, sólo se oyó un comentario de la señora H.:
- Dios mío, mira lo que ha engordado esa mujer, y ni siquiera está embarazada.
Tras el periódico, S. sonrió y rocordó por qué era abuelista.
2 comentarios:
Lo dicho, yo soy abuelista convencida, y creo que deberíamos difundir el mensaje de que las abuelas son la obra suprema de la Creación, en las que se unen todas las cualidades posibles
^^
La comprensión que tienen los abuelos sobre el mundo globalizado moderno es sin duda la mejor.
Hace unas semanas en el Metro de Madrid, mientras miraba la nada (yo no leo periódicos, miro la nada con cara de interesante), se subió al vagón una pandilla de chavales disfrazados. Era el día del orgullo friki o algo así, el caso es que uno iba de ninja, otro de bruja, otro de guerrero medieval casposo (aunque todos parecían competir por el trofeo de la caspa), y por horrendo que suene, creo que incluso había un vaquero.
Dos viejos, de pie a mi lado, se pusieron a comentar sus impresiones acerca del ninja:
-Mira, unos raros -dice uno.
Ambos miran.
¿Y ese, es chico o chica? -pregunta el mismo.
-Pero hombre, es un tío.
-Es que como va tapado...
-Es un ninja de esos, ya sabes, los de Estados Unidos, los de las pelis americanas.
-Ah, claro, claro, entiendo.
Yo creo que realmente no entendió nada, y el otro, que es el que más entendía de los dos, por mucho que entendiese entendía más bien poco, lo cual siempre es envidiable. No me quedan abuelos vivos, así que en su caso soy ancianista sin más.
A ver si sigues escribiendo. Espero que esté yendo bien tu verano.
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