Yo, material y prosaica como soy, solía ser una romántica. Ahora lo único que me parece romántico son los hombres casados, siempre que no te enamores de ellos. A veces pienso que, si el destino existiese, el mío sería ser la amante consentida de algún hombre medianamente rico y atractivo, extremadamente culto y de ortografía impecable. Un Humbert Humbert con dinero que me convirtiese en su Lolita malcriada y me recitase Annabel Lee. Pero tiene que estar casado. Al igual que el personaje anónimo de Marilyn Monroe en la maravillosa La tentación vive arriba, creo que estar con un hombre casado es elegante. Además, nunca te pueden pedir que te cases con ellos.

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